Este es un email que envíe el 18 de agosto de 2025, y hoy, tal y como te prometí, me apetece dejarlo aquí como un pequeño deseo de expandir el amor por navidad:
Hoy celebro 13 años compartiendo vidita con B.
Cuando el amor no encaja en lo que nos contaron
13 años de amor.
Y pienso en todo lo que habría perdido si hubiera hecho caso a los demás.
En el año 3 de relación tuvimos un pequeño break.
Una ruptura causada por una crisis vital, en un momento de cambio grande.
Por aquel entonces, se puso una pregunta sobre la mesa: “¿qué es el amor?”.
Nos conocimos a los casi 20 – y en 10 días cumplo 33.
Aún teníamos todo por aprender, y mucho por descubrir.
Y aunque ahora sabemos un poquito más, espero que nunca dejemos de aprender y descubrir.
El caso es que hubo un momento en que B dudó. Dudó de todo.
No sabía lo que quería, no sabía qué sentía.
Yo, no me preguntéis por qué, tenía claro que nuestra historia no podía acabar ahí, aunque una parte de mí también terminó dudando.
Como te puedes imaginar, hubo final feliz.
Pero no el típico final feliz que nos venden las películas románticas de Hollywood.
A los pocos meses entendimos que el problema no era la relación,
sino todo lo que se estaba moviendo alrededor.
Así que decidimos volver. Darnos una segunda oportunidad.
Con todo lo que eso implica si lo haces de verdad:
Reparar. Recuperar la confianza. Conocer nuestras heridas y lo que nos dispara, para poder cuidarnos en el proceso.
Nuestra decisión no fue bienvenida, se recibió con miedo.
Prácticamente todo mi entorno (excepto alguna maravillosa excepción) me dijo lo mismo:
“Te estás equivocando”.
Si les hubiera hecho caso,
me habría perdido la relación más importante de mi vida.
Ahora lo pienso y me doy cuenta de que el amor que compartimos se lo debo a no haber hecho caso al ruido externo, y por supuesto, a no haber hecho caso a la Superpop.
Vulnerabilidad, mitos románticos y lo que sí construye una relación
Sí, soy. Soy de esa generación, millennial.
Crecí leyendo revistas que me decían cómo seducir:
“Pretende que no te gusta para que se fije en ti”.
Nunca se me dio bien jugar a ese juego.
De hecho, me sentía rara por no “saber jugar”.
Recuerdo una vez que una “amiga” me dijo:
“Tu problema es que se te nota que te gusta, eres demasiado sincera”.
Hoy agradezco no haber entrado al juego de la indiferencia.
Porque aprendí lo contrario:
el amor se construye cuando puedes mostrar lo que sientes sin disfrazarlo.
En la segunda parte de mi conversación con Arun Mansukhani hablamos justo de esto:
los referentes que forman nuestro imaginario colectivo,
y que muchas veces nos confunden o nos hacen daño.
Él cita una frase de la película Love Story:
“Amar es no tener que decir nunca lo siento”.
Tremenda.
No sé tú, pero yo creo que es justo al revés:
Amar es aprender a decirlo una y otra vez.
Nos han metido en la cabeza que mostrar vulnerabilidad debilita y desconecta,
cuando en realidad fortalece y nos conecta.
Pero cuidado, una cosa es reparar en lo relacional (hiper-necesario)
y otra muy diferente, normalizar comportamientos que nunca se deberían dar.
¿Cómo distinguir? Aquí es donde se complica la cosa:
El trauma puede disfrazarse de intuición.
Esa sensación de “esto es amor” a veces no es conexión,
sino carencia.
No es intuición,
sino trauma repitiéndose.
¿Cómo saber cuándo quedarte?
Spoiler: las mariposas en el estómago no siempre son un buen indicador.
A veces hace falta terapia para poder elegir bien
y quedarte en las relaciones que sí que merecen ser construidas.
Cómo saber si una relación merece ser construida
Está muy de moda hablar de banderas rojas.
Hoy prefiero hablar de banderas verdes.
Estas son preguntas que a mí me sirven de brújula y me ayudan a saber si es un sí:
- ¿Esta relación me ayuda a crecer, o me empequeñece?
- ¿Cuando tengo un problema, puedo recurrir a mi pareja y sentir su apoyo?
- ¿Hay equilibrio entre intimidad y autonomía, sin asfixia ni abandono?
- ¿Se siente que damos y recibimos, que somos equipo?
- ¿Tenemos gustos diferentes pero valores alineados?
- ¿Cuando hay un desacuerdo, se pone en riesgo la relación o se sostiene?
- ¿Cuando hay un problema, lo colocamos enfrente en lugar de entre nosotros?
Arun dice que el enamoramiento te da una falsa sensación de intimidad.
Para intimar de verdad necesitas ver a la otra persona
y para verla necesitas conocerla.
El amor para mí es un proceso infinito de conocerse, y construir, añadiendo cada vez más capas.
Y no hay nada que me fascine más.
El amor para mí, lejos de lo que nos han contado, tiene más que ver con esto:
Con conocer de verdad a la otra persona.
Con observar, no solo mirar.
Con compartir presencia.
Con dar y recibir afecto positivo.
Con escuchar activamente y construir conscientemente.
Con activar la curiosidad y la ternura.
Con regar la relación como quien riega una planta: con atención, con cuidado, con paciencia y consistencia.
Sé que a algunas personas les cuesta creerlo,
pero 13 años después, yo a B cada día le quiero más.
Y hay pocas cosas que me apetezcan más que seguir conociéndole.
El amor, para mí, es esto:
Dos personas eligiéndose cada día,
con todo lo que son,
y con todo lo que no son.
De todo esto hablo con Arun en el último episodio de Con los pies en el cielo.
Una conversación nada romantizada, pero llena de verdad.
Sobre enamoramiento, mitos románticos, trauma, cómo encontrar terapia, micro-adicciones y lo que realmente construye una relación pese a estresores como la fama.
🎙 Escucha la segunda parte del episodio aquí:
👉🏻 Youtube
👉🏻 Spotify
Hoy celebro 13 años de amor.
Y también celebro uno de los grandes aprendizajes de mi vida: bajar el volumen al ruido externo, y hacer caso a mi corazón, o a mi intuición (pero la de verdad).
Porque el verdadero premio de no hacer caso a lo que me contaron sobre el amor
es descubrir que el amor real no es perfecto…
(Ni falta que hace)
pero sí puede ser verdadero.
Con amor,
Ixi
PD. Si te han reenviado este email, puedes suscribirte aquí.
Al hacerlo, te llega gratis la primera sesión de Satisfaction: una guía para entender tus emociones sin juzgarlas.
PD2. Este episodio con Arun es de los que recomiendo escuchar con calma, porque remueve, pero sobre todo aclara. Me encantará que me cuentes qué es lo que más te ha llegado si lo escuchas.

